domingo, 8 de enero de 2012

Lo de dentro.

Aquella vez perdimos.Y ganamos. No fueron tablas, fue simplemente un arma de doble filo. Eran partidas complicadas, peligrosas, agridulces. Los juegos de mesa nunca fueron lo mio, no es de extrañar que el jaque me llegara tan pronto. Podía moverme en dos direcciones: en una de ellas salvaba el culo,pero en alguna parte del mundo moría un valiente; en la otra me dirigía de cabeza, sin frenos y con el viento a favor hacia un jaque mate inevitable, pero vivía, vivíamos. Y cogí la segunda. Y la volvería a coger otra vez. Y otra vez más. Y otra. Morir matando, ya se sabe. Puede que nos mereciera la pena morder, muy fuerte, tan fuerte que al cruzar el umbral del dolor solo quedaba placer, placer emocional, psíquico. Placebo temporal.
Vale, puede que lo más coherente sea saber ganar. Sí. Saber ganar cuando sabes que vas a perder tanto. Asumir la pérdida que conllevó la victoria pasajera.
A veces, cuando juegas con fuego terminas helándote. Pero fue dulce, tan dulce que lo único que jode es la escarcha, la puta escarcha.

No hay comentarios:

Publicar un comentario