miércoles, 13 de julio de 2011


Las cosas pasan por algo. Incluso es posible que la mayor decepción que puedas llevarte entrañe un sentido oculto, algo que en caliente no llegas a comprender pero que, con el paso del tiempo, asimilas y ves de forma clara.

Soy de ese tipo de gente que piensa que la vida, el cosmos o quien coño dirija esta locura llamada universo, va poniendo en nuestro camino cosas y personas en el momento justo. Algunas veces sabemos verlas, aprovecharlas y disfrutar de ellas. Pero por desgracia, la inmensa mayoría de las veces tenemos miedo a tropezar estrepitosamente con ellas y caer. El ser humano es cobarde por naturaleza, tememos a la oscuridad, a los fenómenos paranormales y a los cambios bruscos y quizá por eso muchas veces preferimos la comodidad de la rutina, aunque permanecer impasible ante los cambios suponga perder oportunidades que puedan hacernos felices. No hay sensación más horrible que el arrepentimiento, y no precisamente el de haber cometido un error sino el de quedarse con las ganas de cometerlo.

Es curioso, creo que todos hemos tenido alguna vez esa sensación de estar en el lugar oportuno en el momento exacto. Y también todo lo contrario. Y con todo lo contrario me refiero exactamente a eso, a “estar en el lugar menos apropiado en el peor momento posible”. Y sí, de esto último también se aprende.

Joder, y que tengamos que hacer siempre uso de topicazos recalentados como “vive, que son dos días”…pero ¡son tan jodidamente ciertos! Creo que a nadie le gustaría darse cuenta un día de que se le ha escapado el tiempo mientras renunciaba a aquello que podría haberle supuesto una inyección de adrenalina o ilusión.

Que pase lo que tenga que pasar

viernes, 1 de julio de 2011


¿Ya son más de las 12? Vale, eso significa que oficialmente es mi cumpleaños. Éste sería un dato verdaderamente fascinante de no ser porque lo más probable es que a más de la mitad de las personas que lleguen a leer esto el hecho en sí les importa una auténtica mierda.

Y yo me pregunto ¿qué importa que hoy haga 20 años que llegué aquí? Sé que las 24 horas que tengo por delante serán exactamente iguales a las que pueda tener cualquier otro día. Tratándose de mi vida esas 24 horas han de contener algo bueno (una pequeña porción), algo patético, algo muy patético y algo que demuestre que el karma no me quiere.

Este último párrafo puede haceros pensar que soy una especie de ogro de las cavernas, huraño, cascarrabias y pesimista hasta límites insospechados. No corráis tanto. Dicen que hay que aprender a reírse de uno mismo y eso es algo que interioricé hace mucho. Cuando empecé a ser consciente de que mí día a día no era lo que se dice idílico entendí que si ése era mi sino, tendría que asumirlo tal cual, sin miramientos ni lloriqueos y valorar las pequeñas cosas. Como dice el gran Berto Romero, yo “hago el humor” y, a falta de otro tipo de placeres, es algo que me satisface por completo. Los que estén acostumbrados a pasar un número de horas considerables conmigo saben que no duro un solo día sin ironizar acerca de la peor catástrofe que haya podido suceder.

Después de esta reflexión sin sustancia ni enjundia y poco interesante para cualquiera que no me conozca, solo puedo decir que hoy no quiero regalos caros. Únicamente quiero sorpresas agradables, propuestas bonitas y, a poder ser, una rosa amarilla (pero esto último es un mero capricho que me haría ilusión cualquier día del año). En definitiva, quiero [necesito] que ocurran cosas que hagan que estas 24 horas que tengo por delante sean mínimamente especiales.

En fin…mi propósito para estos 20 que empiezo hoy será vivir un poquito más. Y es que, por factores ajenos a mí, últimamente me he visto obligada a pensar mucho antes de dar cada paso y es algo que no quiero que tenga lugar en mi vida nunca más, no me da la gana,no.

Felices 20 tenga yo. Lo demás queda a cargo de la magia.