martes, 19 de abril de 2011

1991


No éramos más felices, es una falsa concepción que alguien se encargó de meternos en la cabeza. De hecho, dudo que supiéramos qué es la felicidad. No se puede ser feliz estando incompleto. Y mucho menos se puede serlo cuando ni siquiera conocíamos el significado de tan abstracta mentira. Nos limitábamos a vivir, a aprender a ponernos de pie sin perder el equilibrio, a conseguir vocalizar una única palabra.

Es curioso, cuando pasan los años empiezas a echar de menos cosas que antes echabas de más. Tengo esa clásica añoranza de que llegue alguien y consiga de una manera totalmente inexplicable que se me olvide cómo se habla, cómo se respira, como se mantiene el equilibrio.

No éramos más felices. Simple y llanamente éramos más libres, más valientes, menos controladores. Vivíamos ajenos a todo lo que ahora mismo queremos tener bajo leyes, bajo ese estricto reglamento culpable de que seamos seres gélidos, casi glaciares. Es jodidamente triste ver como hay pocos capaces de derretir el hielo, de perder por un instante la cuenta de los minutos transcurridos.

Yo hace días que decidí dejar de decidir. Y esa, justo esa, fue la última decisión que tomé. A partir de ese momento no he decidido nada, lo juro, solo he vivido sin contar las veces que respiro.

Que mande el impulso, que se nos llenen las rodillas de cicatrices y los brazos de rasguños. Así, cuando veamos las marcas que dejó el tiempo sabremos que nos caímos, sí, pero si lo hicimos fue porque conseguimos derretir el hielo y resbalar.

Qué sí, que las hostias duelen. Pero prefiero unos cuantos golpes secos antes que seguir pasando frío.

2 comentarios:

  1. muy chulo tu blog, te sigo si me sigues

    blackroseme.blogspot.com

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  2. Hola! He visto tu blog y es sencillamente genial


    Te sigo, ¿devuelves?


    Besitos!

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