martes, 12 de octubre de 2010



Lo admito, odio el pasteleo. Me repatea el azúcar en exceso y cada vez estoy más convencida de que poco a poco me vuelvo diabética de tanta sobredosis de "amor".

Pero fíjate, yo soy de las que, en cierto modo, se enamora todos los días. Y no en el sentido estricto del verbo.
Efectivamente, yo lo interpreto a mi forma, como todo, como siempre. Y quizás por eso, a partir de ahora lo escribiré con “h”.

Estoy convencida de que me henamoro de la cara de mamá cuando me despide por las mañanas, de la mujer que limpia el andén del metro y me saluda todos los días, del empanamiento mental que fluye entre las zorras a primera hora de la mañana, de la ración semanal de patatas y de lo peculiar que puede llegar a resultar Vicálvaro.

Mucho hamor, para dar y tomar, dosificado entre los chistes malos, los despistes injustificados, las risas tontas, las miradas con carga léxica, la verborrea que produce el Almirante y el encanto de lo inesperado.

Eh, también estoy profundamente henamorada de muchos y muchas. Y éste es de esa clase de hamor que no se demuestra con flores, peluches, viajes, anillos y esa serie de tópicos y típicos...sino con el contacto visual sincero, la más romántica de las demostraciones hamorosas.

Con los años aprendes que amor y hamor son compatibles y, ¿por qué no decirlo?, recomendables.
Pero el que te inunda a primera vista, se escribe con “h”.


4 comentarios:

  1. jodido almirante

    Magistral, como siempre

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  2. al final lo que mas te hace feliz son las cosas pequeñas de cada dia :)
    un besoo

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  3. Soberbia como siempre.
    Vicálvaro... Acaba enamorando.


    PD. Te he visto alguna vez verdad?
    (:

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  4. me a gustado bastante esta entrada.
    Te sigo :3
    Un beso xxx

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